La educación emocional tiene como uno de sus fundamentos básicos las aportaciones de la neurociencia. El cerebro es el órgano que produce nuestra mente. El cerebro es el hardware y la mente es el software. Las capacidades mentales son producto del funcionamiento neuronal y la neurociencia es el campo de conocimiento que estudia el cerebro, las neuronas y sus efectos en la mente. Se le llama la década del cerebro a la década de los años noventa del siglo XX, pues es cuando más se reportan avances de la neurociencia en general y de la neurociencia afectiva en particular. 

Los avances científicos en neurociencias indican de forma inequívoca que el cerebro es un órgano diseñado para cambiar en respuesta a la experiencia, y, más específicamente, en respuesta al aprendizaje, todo lo cual queda representado bajo el concepto de neuroplasticidad. El presente artículo ahonda en las funciones del sistema nervioso, del sistema límbico, así como de la activación emocional, del cerebro emocional y de la química cerebral, entre otros, recalcando que la educación emocional cambia la mente y el comportamiento. Esto se debe a que la educación emocional cambia el cerebro (e.g., Anaya, 2009; Blakemore y Frith, 2005). Incluso, estos cambios pueden ser más eficientes que la medicación. La educación emocional, al contrario de la medicación, puede actuar sobre circuitos neurales muy específicos, de tal modo que la medicina actual aún no puede actuar (e. g., Davidson y Begley, 2012).

Estos cambios en el cerebro se producen a lo largo de toda la vida, tanto a nivel estructural o anatómico como a nivel funcional o fisiológico. Entre sus principales manifestaciones están el nacimiento de nuevas neuronas o neurogénesis (e. g., Feliciano y Bordey, 2013), la formación de nuevas conexiones sinápticas o el engrosamiento de las capas de mielina que recubren los axones de las neuronas fortaleciendo la eficiencia de la transmisión neuroquímica (e.g., Davidson y McEwen, 2012). A todo ello podemos añadir las aportaciones de la epigenética, que han puesto en evidencia como los genes se expresan en función del contexto. Los estímulos del contexto favorecen que ciertos circuitos sean funcionales o dejen de serlo. La convergencia entre neuroplasticidad, epigenética, neurogénesis y otras aportaciones de la neurciencia, hoy en día permiten afirmar que las personas, con lo que piensan, hacen y sienten, se están entrenando continuamente para ser cada vez más felices o más infelices.

Este texto ha sido extraído del siguiente documento al que remitimos para más información y también para citarlo así en caso de ser reproducido:

Bisquerra, R. (2019). Neurociencia. Barcelona: RIEEB. (documento interno). Disponible en: www.socios.rieeb.com

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