DEste artículo tiene como objetivo poner en relieve la forma en la que las emociones tienen un efecto en la salud de las personas. Es posible afirmar que los efectos de las emociones pasan por el cuerpo y pueden afectar la salud. Lo anterior es de relevante aportación para personas que trabajan en el área de la educación y las tutorías puesto que estar al corriente de los fenómenos evolutivos y de las implicaciones educativas puede contribuir a una mejora en la educación. Algunos hallazgos desde la medicina y la fisiología indican que ya desde el siglo XVIII se hablaba de la relación que hay entre emoción y salud. La creencia de que el exceso de bilis negra podía causar depresión, así como la teoría Freudiana de que la represión de las emociones produce una alteración psicosomática, o el concepto de la indefensión adquirida de Seligman son algunos antecedentes de lo que diversos teóricos han estudiado en torno a las emociones y su efecto en la salud de las personas. 

Al día de hoy resulta importante estudiar no solo el impacto de las emociones negativas sobre el cuerpo y la salud, sino también, los efectos de las emociones positivas en el mismo. Las investigaciones han permitido constatar que las emociones positivas se asocian a estilos de vida saludables, tales como no fumar, practicar actividad física, la alimentación saludable, etc. Estos comportamientos asociados a emociones positivas tienen efectos indirectos sobre la salud y la prevención de la enfermedad. Aunque las evidencias no sean todavía concluyentes, hay abundantes elementos que justifican el fomentar experiencias emocionales positivas, y en contrapartida procurar reducir las emociones negativas en la medida de lo posible. 

Las emociones positivas contribuyen a aumentar las defensas del sistema inmunitario, mientras que las emociones negativas disminuyen esas defensas. Por ejemplo, emociones negativas como la ansiedad pueden llegar a constituir un problema de salud mental pero también afectan la salud física. Así mismo, trastornos cardiovasculares, sexuales, dermatológicos, entre otros han sido asociados al estrés. Además de estos trastornos, el estrés tiene unos efectos fisiológicos que afectan al trabajo y a la salud. Un exceso de estas respuestas puede producir el síndrome de burnout. Este síndrome- el agotamiento emocional- que es común entre el profesorado es un cansancio o fatiga de carácter físico y psíquico que da la sensación de no poder dar más de sí mismo a los demás. La labor docente exige unos recursos emocionales de los cuales no dispone un porcentaje elevado del profesorado. Estos recursos se pueden aprender y desarrollar a través de la formación en educación emocional. 

De igual manera, Los orientadores deberían constituirse como agentes de cambio que promuevan procesos de innovación educativa encaminados al desarrollo de competencias emocionales. Esto se puede hacer por medio de introducir dinámicas en las sesiones de tutoría que contribuyan al desarrollo de competencias emocionales entre el alumnado. Lo cual repercute positivamente en una disminución de la conflictividad que  produce un aumento del bienestar y de la salud.

Este texto ha sido extraído del siguiente documento al que remitimos para más información y también para citarlo en caso de ser reproducido: 

Bisquerra, R. (2019). Emoción y salud: implicaciones para la práctica. Barcelona: RIEEB. (Documento interno). Disponible en: www.rieeb.com